El riesgo por los árboles en Ciudad Universitaria. 

Por Horacio López 

Las lluvias intensas son inevitables. Los vientos fuertes también. Lo que no debería serlo es que un árbol colapse sobre vehículos estacionados dentro de un campus universitario.

Lo ocurrido este martes en Ciudad Universitaria de la UAEMéx, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿la prevención existe solamente en los manuales de Protección Civil o también en la realidad?

La función de la Dirección de Seguridad y Protección Civil Universitaria no comienza cuando llegan las motosierras para retirar ramas. Su trabajo empieza mucho antes, identificando riesgos, evaluando árboles envejecidos, enfermos o inclinados y tomando decisiones preventivas para evitar que un fenómeno meteorológico previsible termine convirtiéndose en un accidente.

Si un árbol cae sobre un automóvil, el protocolo de emergencia puede funcionar perfectamente. Se acordona el área, llegan las brigadas y se retiran los restos. Pero eso no significa que el sistema haya funcionado; al contrario, significa que la prevención llegó tarde.

Nadie espera que la Universidad controle el clima. Lo que sí puede controlar es el estado de su arbolado. En plena temporada de lluvias, las inspecciones preventivas deberían ser una rutina permanente y no una reacción después del incidente.

Cada árbol que representa un riesgo suele dar señales: raíces expuestas, troncos con pudrición, cavidades, inclinaciones, ramas secas o daños estructurales. Detectarlos forma parte de la gestión del riesgo, no de la buena suerte.

Por fortuna, esta vez las consecuencias fueron materiales. Pero la pregunta que debe hacerse la comunidad universitaria es inevitable: ¿qué habría pasado si en ese momento hubiera caminado un estudiante, un profesor o un trabajador debajo del árbol?

Las instituciones públicas suelen medir su eficacia por la rapidez con la que responden a las emergencias. Sin embargo, la verdadera eficacia se mide por el número de emergencias que logran evitar.

Porque la prevención no puede depender de la fortuna. Si los árboles solo reciben atención después de caer, entonces el problema no es el viento: es la falta de anticipación.

La comunidad universitaria merece algo más que brigadas eficientes para recoger los daños. Merece la certeza de que quienes tienen la responsabilidad de protegerla están trabajando para que esos daños no ocurran.

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