• El trabajo conjunto entre el Poder Judicial mexiquense y el DIF Nacional permite acelerar trámites y facilitar que niñas, niños y adolescentes encuentren un hogar.
La espera llegó a su fin para María Fernanda. Después de meses de trámites, valoraciones y esperanza, vivió el momento con el que tanto había soñado: convertirse legalmente en la mamá de Mario, durante una audiencia realizada en el Juzgado de Procedimientos de Adopción y Restitución Internacional de Menores del Poder Judicial del Estado de México. En ese instante, lo que inició como un deseo profundo terminó por transformarse, ante la ley y la vida, en una familia.
Esta adopción es resultado de la coordinación institucional que busca facilitar los procedimientos. Tras un encuentro entre el Magistrado Héctor Macedo García, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, y la Procuradora Federal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, Fabiola María Salas Ambriz, inició una estrategia conjunta para agilizar las adopciones.
Marco Antonio Sánchez, jefe del Departamento Jurídico General de Protección de Niñas y Niños del Sistema Nacional DIF, explicó que eligieron al PJEdomex para el trámite de adopciones por la rapidez y la existencia de un juzgado especializado. Señaló que en esta entidad los tiempos para acordar promociones y fijar audiencias son mucho más cortos -no mayores a ocho días hábiles-, lo que permite avanzar con mayor agilidad y facilita que niñas, niños y adolescentes, incluso provenientes de otras entidades, puedan integrarse más rápido a una familia.
Para la Jueza María del Pilar Rosales, titular de este juzgado especializado, cada caso representa la restitución de un derecho fundamental: crecer dentro de una familia. Explicó que la historia de María Fernanda resulta relevante porque fue promovida por el Sistema Nacional DIF, mientras que la mayoría de los expedientes atendidos por el juzgado suelen ser impulsados por el DIF estatal.
Aunque María Fernanda no tenía pareja con quien compartir el proyecto de la maternidad, decidió continuar. Para ella, formar una familia no dependía de un modelo tradicional, sino del compromiso de brindar amor, cuidado, compañía y un hogar.
Originaria de la Ciudad de México, comenzó el camino hacia la adopción con paciencia. Durante meses participó en capacitaciones, valoraciones psicológicas y revisiones institucionales. Hubo días de cansancio e incluso momentos en los que la meta parecía lejana. Sin embargo, cada paso fortalecía su deseo de ser mamá.
El primer encuentro con Mario no fue como en las películas. Frente a frente estaban dos desconocidos, marcados por el silencio, la curiosidad y cierta incertidumbre. Con el tiempo, ella comprendió que el cariño no siempre surge de inmediato; se cultiva con paciencia, cercanía y pequeños instantes compartidos. Hoy, después de casi siete meses juntos, su risa llena de vida el hogar que ambos construyen cada día, entre nuevas rutinas, juegos y el aprendizaje constante de la maternidad.
Su experiencia también busca enviar un mensaje claro para quienes sueñan con adoptar sin pareja. Sí es posible, asegura, aunque reconoce que contar con una red de apoyo hace la diferencia.
“Sí se puede, pero necesitas un círculo de apoyo. No vamos a romantizar que esto lo estoy haciendo sola; sí, sin una pareja, pero tengo un círculo de apoyo muy importante: mi familia, mis amigos… hay mucha gente que se ha mostrado abierta a ayudarme cuando lo necesite”, explicó.
Desde la creación del Juzgado Especializado en Procedimientos de Adopción y Restitución Internacional de Menores, en 2018, se han realizado 814 adopciones; el año pasado se concretaron 78 y en lo que va de este año se han realizado 11, además de cuatro procedimientos impulsados por la Procuraduría federal .
La expectativa es que estas acciones permitan que cada vez más niñas, niños y adolescentes encuentren un hogar. Porque, como muestra la historia de María Fernanda y Mario, las familias pueden nacer de muchas formas, pero todas inician con la misma decisión de abrir la puerta para compartir la vida.